Se pueden establecer protocolos de transparencia. Que sirven de poca cosa pues hecha la ley hecha la trampa.

 

O se puede optar por un impuesto a las transacciones financieras, de tal modo que quien más tiene más paga por transferencias. Con todos los fondos obtenidos de este impuesto, se destinarían a casos sociales de extrema necesidad y a reflotar la banca o lo que fuera necesario, pago de deuda externa etc. Francia casí consigue solucionarlo, pero no lo aplicó integramente, pues pasó por el rodillo de los más ricos.

Nota: El impuesto no puede ser confiscatorio, sino que iría destinado a pagar la red de supervisión contra la corrupción. Y probablemente debería hacerse en toda la Unión, pero nadie querrá.

¿Ud. que opina?

🙂